Hoy he estado recordando, lo poco que faltó para que mi amiga corazón de trapo, y yo misma, nos volviesemos tontas de por vida por ósmosis.
Durante los 4 años de carrera, mientras estudiabamos Arte Dramático en Córdoba, se formó un triunvirato. Fuimos las 3 “normales” frente al grupo. Los “dramáticos” es como los acabamos bautizando. O mejor, el grupo frente a las 3 normales. Y cuando digo “grupo”, por desgracia, incluyo a los profesores… las tres éramos Lulu, corazón de trapo y yo, y mantendremos nuestros vínvulos de unión reforzados por los malos ratos de allí a la eternidad.
Junio de 2002, Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba. Alumnos de 4º curso en la cena “fin de carrera”. Lulu no ha podido estar con nosotras esta vez, con lo que, encima nos falta una de las 3 patas que sujetan el banco.
A tener en cuenta que, como reunión social de un buen grupo de actores que se precia, todo lo que hay en el lugar, personas, cosas, comida, música, etc. es muy alternativo, no podía ser de otro modo. A excepción de nosotras, las protagonistas de mi historia, que, enmarcadas en esta fauna, desentonamos como un berberecho en un campo de margaritas amarillas; mi amiga corazón de trapo y yo, no pegamos ni con cola aquí, por ser normales en vez de “alternatis”, como nos ha pasado durante los 4 años de carrera, pero no renunciamos a perdemos “el evento”, manque les pese.
Mientras los dramáticos se dan besos y lloran porque van a separarse (porque si eres dramático amas a todos tus compañeros mucho muchísimo), nosotras charlamos, reímos, y estamos con nuestras cosas.
Recordamos todo lo vivido, eso sí, recapitulamos.
Recordamos como, hasta ahora, mientras los dramáticos intentaban cambiar las fechas de los exámenes de literatura, “porque es que son 5 folios y no me da tiempo…”, nosotras lo impedíamos, porque si por ellos fuera, los haríamos todos el último día de curso a última hora.
Nos vino a la mente cómo, mientras ellos hacían sus escenas sin saberse el texto, pero ni una frase, aunque siempre con una interpretación “orgánica que te mueres”, nosotras, llevábamos el texto perfecto, pero eso no era bastante porque “sobreactuáis, os falla la dicción o porque tiriri titi pororo popo”.
Cómo a mi me ponían la misma nota en la asignatura Acrobacia que a los lesionados ¡que no hicieron el examen!.
Cómo suspendimos juntas Interpretación en 2º y en septiembre la profesora nos aprobó, con gesto despectivo, diciendo que nos daba una “2ª chance” (textual).
Cómo pasamos un día, media tarde de bronca de las que hacen historia con ellos, porque nosotras nos negábamos a cantar en el escenario delante de 700 personas, una canción compuesta por una artista del grupo de dramáticso, que incluía esta frase: “…y es que no hay nada mejor COMO pisar tu suelo…”Y es que, nosotras insistíamos en que tenía que ser “…no hay nada mejor QUE pisar tu suelo…”, o incluso “…no hay nada TAN BUENO COMO pisar tu suelo…” lo que nos hizo ganarnos un nuevo adjetivo, el de marisabidillas, porque si la muchacha había puesto en la canción esa burrada nosotras no debíamos corregir la maravillosa composición, ya que nos cargábamos su arte, decían.
Cómo, por fin en 4º conseguimos encontrar personas que nos trataran como normales, y no como “raras” (raras por ser normales), pero que ya, era casi tarde, estas personas eran de 1º, y nosotras ese año terminábamos la carrera…
Y allí estábamos, ella y yo, comiendo una comida “fachon”(de “fashion”), y admirando la decoración del patio.
Pasamos buena parte de la noche, en un rinconcito juntas, donde había una fuente pequeña que habían decorado con nenúfares para la ocasión.
Corazón de trapo y yo estuvimos muy preocupadas porque la fuente estaba en una pendiente, y entonces, (según nosotras) los nenúfares irremediablemente se iban todos para el lado derecho de la fuente, que estaba en la parte de abajo de la cuesta… “¡qué lastima que la fuente esté en cuesta!, así todos los nenúfares se van para abajo…”. Pasamos media noche repitiéndonos la una a la otra esto, e intentando remediarlo, metiendo la mano en el agua para colocarlos, soplándoles… (esto es lo bien que nos lo estábamos pasando allí).
La noche acabó, y nos fuimos con la historia de la fuente y los nenúfares descolocados que nos daban vueltas en la cabeza.
Fue unos días después, mientras le contabamos la superfiesta a J. y a unos amigos, y mencionando este detalle, (lo de los bonitos nenúfares sobre el agua en pendiente), cuando, al empezar todos a reírse sin poder casi ni respirar, mientras ella y yo nos mirábamos con cara de poker y ellos, entre risas, nos decían que era genial que hubiéramos salido de allí, ¡porque nos estábamos volviendo como ellos!, cuando nos dimos cuenta, de que era verdad.
Este dibujito lo demuestra… ¡lo que les costó explicárnoslo!…

Y es que… todo lo malo se pega… salimos a tiempo de no volvernos “dramáticas”, pero un poquitín tocadas, eso sí que si.