La clase de los listos y la clase de los tontos.
Llegamos al examen. Mejor dicho, llegamos al momento “tomadura de pelo”, y es que el profesor, que creo que tiene 100 años, decide examinarnos de una asignatura teórica con 100 preguntas tipo test. Los resultados de las preguntas que ofrece son “verdadero” o “falso”, y al puntuar, restan los fallos que cometas. Es decir, cada vez que tengas una respuesta mal, no sólo no te suma sino que te resta una de las que están bien…
A la media hora de empezar a hacer el examen. Una chica se va de la clase. Nos damos cuenta de que no la conocemos, nadie.
Y al abrirse la puerta la vemos salir corriendo, así, textual, sale corriendo, como alma que lleva el diablo. Nosotros miramos con los ojos como platos, y el profesor, con sus 100 años, le grita desde la puerta, porque no ha entregado el examen. Se lo ha llevado.
Esa noche salen nuestras notas. El 80% de la clase ha suspendido (me incluyo en ese alto porcentaje, sí).
Dos días después se examinan de esta misma asignatura compañeros de Facultad, de otra clase. Con el mismo profesor. Y con el MISMO EXAMEN, el que la chica misteriosa robó.
Esa noche salen sus notas. El 100% de esa clase ha aprobado, y todos tienen como nota más de un 7.
El profesor, como tiene 100 años, no se da cuenta de que llevaban el examen hecho. O tal vez, no quiere darse cuenta.
La vida es injusta, y la historia es alucinante. No es inventada. Está claro que somos la clase de “los tontos”…