Coles del pasado: !sí! a los uniformes.
“Coles” del pasao, porque fue en el pasado cuando yo fui al cole.
Mi uniforme me gustaba. Sí, me gustaba mucho. Y no por ir igual que todo el mundo, sino porque recuerdo que era un alivio para mi madre el tener dos uniformes con los que tiraba cada semana. Nada de tener montones de vestidos que no hubieramos podido comprar, nada de eso. Como mucho 4 cosas para los sábados y domingos, y de lunes a viernes, el “uni” azul, con camisa blanca, y palante.
Cuando eras mayor te lo ponías minifaldero, con medias, y los “adornos” los elegías a tu gusto, personalizando. Como hacen todos los alumnos japoneses en Japón. Todos con uniforme, y todos distintos, distintos en las carpetas, adornos del pelo, zapatos… etc… y así ibamos nosotros.
Me acuerdo de una anécdota, para mí en aquel momento, normal, y que ahora, al rememorar, me parece antológida.
Clase de lenguaje. Monja que me saca a la pizarra. Año 1985. Yo era una niña (y ya tenía una nube, por cierto).
La monja me llama, salgo a la pizarra y mi uniforme, que debía estar compuesto por prendas blancas y azules, al ser invierno, estaba complementado por unos gruesos calcetines que me llegaban a la rodilla. Muy calentitos, y eso si, de color rojo.
Monja: pequeña chena, ¿y esos calcetines?
Chena(yo): me los ha dado mi madre
Monja: pues cuando llegues a tu casa, le dices a tu madre que los calcetines del uniforme tienen que ser azules o blancos, que no pueden ser rojos.
Chena: vale, yo se lo digo.
Dos días despues, misma clase, misma monja, y pizarra de nuevo. Esta vez una rebeca roja.
Monja: pequeña chena, ¿y esa rebeca roja? ¿no te dije que le dijeras a tu madre que no puedes llevar calcetines (o rebecas O_o) rojas?
Chena: si
Monja: ¿y qué te ha dicho tu madre?
Chena: mi madre ha dicho que me los compres tú. (sí, sí, tuteábamos a las monjas).
Verídico, mi madre me dijo, toda seria, y para mí sin segundas intenciones, “dile a la monja que te los compre ella” y yo sólo me limité a dar el recado. Nunca más me volvieron a llamar la atención por mis prendas no-azules/blancas del uniforme, nunca.
Así que hoy he visto a niños por la calle con uniformes, y me han dado un poco de envidia, no es porque crea en el uniforme como método disciplinario, ni porque crea que así los alumnos no se distraen con cosas frívolas como “la moda”, ni por tonterias variadas que utilizan los defensores de uniformes, que no llevan, y son razones inventadas, no. Es porque creo (y recuerdo) que es divertido y hay que tener imaginación para crear uniformes distintos dentro de la uniformidad. Es también porque me acuerdo de lo cómodo que era saber cada día lo que me iba a poner sin tener que pensarlo. Igual es que yo no he nacido para ser “fachon” y claro, como “el que nace lechón muere cochino”, ahí ando, queriendome poner de azul, blanco y rojo, pero eso sí, todos los días más o menos igual.
Y si el uniforme altera la personalidad, como he leido por ahí, va a ser eso lo que me pasa a mí, y por eso tengo una nube, me subo en ella y hasta le hablo… sí, será eso, la personalidad se altera por la ropa que llevas o no llevas… en fin, que todo tiene su parte buena y su parte mala, y que yo hoy quería un uniforme minifaldero.