Nov
24
2008
40

Carmela y yo.

2008 fue el año en el que conocí a Carmela.

Carmela llegó un día a casa, en una caja de cartón azul y no traía papeles. Las dos sabíamos que no faltaban 12 meses para su muerte, aunque sí para la muerte del año 2008, y que ese año podía ser el nuestro, o no. La incertidumbre nos embargó.

Carmela siempre me miraba con sus enormes ojos azules muy abiertos, ojos que cambiaban de color según nos pareciera a las dos; podían ser verdes, marrones y rosas. Ella 30 centímetros, yo, 170.
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Escrito por ladychena en: Nube Sol |
Nov
18
2008
12

No title

Contemos la lista de llamadas que he recibido esta mañana, todos juntos…

1-usuario: ¿Hay problemas con la página web?

Chena: si, la página web está caída.

2- usuario: ¿Hay problemas con la página web?

Chena: si, la página web está caída.

3- usuario: ¿Hay problemas con la página web?

Chena: si, la página web está caída.

4-usuario: ¿Hay problemas con la página web?

Chena: si, la página web está caída.

50-usuario: ¿Hay problemas con la página web?

Chena: si, la página web está caída.

Y así seguiremos rato y rato, me temo.

 

 Y me digo: ¡por todos los dioses, que levanten la web, que no puedo más, que esto tiene que ser esa cosa que llaman monotonía!

No me sienta bien la monotonía, creo poder afirmar que a nadie. Debería estar prohibida o compensarse con días libres, o pagarse cada hora al doble.

Me manda un sms mi madre al móvil: “Hola, Anena, ya pasó el lunes, ¿cómo llevas la semana?” y yo contesto: “la página web se ha caído”. Ahora que lo pienso, igual no lo entiende. Normal… me he vuelto una autómata.

Por otro lado me llegan emails, y peticiones varias de confirmación de asistencia a eventos navideños, cena de empresa, cena de facultad, cena de amigos de amigos en mi tierra, cena con el potito. ¡No! ¡dejadme en paz! No quiero entrar en la rutina navideña de, “todos nos queremos, todos nos llevamos bien, todos nos emborrachamos”.

31 de diciembre. Pregunta: “¿qué haces en nochevieja?”, respuesta: “me quedo en casa, yo sola con J y nos comemos lo que nos apetece, nos bebemos lo que nos apetece, hablamos, si nos apetece, y todo esto en pijama”. Respuesta del mundo “¿QUÉeeeeee?. Bueno, vale, cambio la respuesta: “me quedo en casa y hago una cena romática”. “Ahhhh, vaaale, ¡qué bien!”. Me quedo ojiplática.

No se si estoy en una nube o me he convertido en una nube. Voy a investigarlo un rato.

Escrito por ladychena en: Nube y tormenta |
Nov
13
2008
16

Recordando a las monjitas

Últimamente, no se por qué, me he acordado mucho de las monjitas de mi cole, el cole en el que yo estudié cuando era pequeña.

Y, pensando en cuanto me gusta escribir, y en lo que me divierte, estuve contándole el otro día a J la historia del Concurso de Redacciones.

Cuando era pequeña y estaba en el colegio con las monjitas, en el Ayuntamiento de mi ciudad se organizó un concurso de redacciones, y yo, que desde que era un mico de 3 años leía y leía sin parar, y escribía también lo que podía (mis diarios, y cosas así), me alegré un montón cuando, en la clase, la monjita nos dijo que íbamos a escribir todos una redacción sobre los árboles de Andalucía (más o menos ese era el tema).

El procedimiento era que todos escribíamos la redacción y, al día siguiente, ella se las llevaba, las leía y escogía las 3 mejores…

Llegué toda feliz con mi redacción. Recuerdo que me pasé toda la tarde en el salón, sentada en el sofá escribiendo, borrando, preguntando cosas a mi padre sobre los árboles, y al final, lo pasé todo a limpio y lo llevé al cole.

La monjita las cogió todas, las leyó y finalmente devolvió las que no eran tan buenas como para presentarlas al concurso… entre ellas la mía.

Yo llegué a mi casa toda acongojada, porque había escrito un churro… con todo lo que me había esforzado no había conseguido ni pasar a la final…

Mi padre, que me vio toda apurada, cogió mi redacción y me dijo que no me preocupase, que si yo quería presentarme al concurso, me iba a presentar. Y como el concurso era abierto para todos los niños (yo en esa época ni de normas ni de nada de eso entendía…) se llevó mi redacción al Ayuntamiento y la presentó al concurso.

Unas semanas más tarde, un guardia municipal se presentó en mi casa mientras yo estaba en el cole. Me lo contó mi madre al llegar. Y me contó que el policía le había entregado una carta y le había dicho que era por un concurso de redacciones que el Ayuntamiento organizaba. Y al abrir la carta ¡¡había ganado el primer premio!!

Al día siguiente, loca de contenta, se lo conté a mis amigas en clase, la voz se corrió y la monjita, se acercó a felicitarme y, unos días más tarde, me dijo, que como yo era de ese cole, el premio debía ser para ese cole. Y claro, no me hizo falta ni preguntarle a mi madre o a mi padre qué debía decir, le expliqué al a monja, que eso no podía ser, que como la redacción no la presentó el cole, que el montonazo de libros que me iban a dar (el premio era un lote de libros) era mío, y no del cole. Como la redacción y el premio.

Y así fue como las monjas me dieron una lección que ahora me sirve muchísimo e intento aplicar en el trato con los alumnos. Aprendí que no hay que hacer categorías con el trabajo de los niños, que no hay que decirle a alguien que no es bueno para algo, que no hay que ignorar nunca el trabajo que hacen, porque no sabemos la dedicación o ilusión que han puesto en hacerlo y también que no hay que crear competitividad entre ellos… y por eso, les estoy agradecida.

Escrito por ladychena en: Nube y tormenta |

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